Retos y soluciones ante el cambio climático en el ámbito laboral
Trabajar bajo el sol o en plena ola de calor ya no es una situación excepcional. Las temperaturas suben, los episodios de calor extremo son cada vez más habituales y, con ellos, aumentan algunos riesgos para la salud de las personas trabajadoras. Especialmente para quienes pasan buena parte de la jornada al aire libre.
Esta es una de las cuestiones que se abordaron el 13 de mayo de 2026 en Madrid durante la jornada técnica «Estrés térmico y radiación UV: retos y soluciones ante el cambio climático en el ámbito laboral», organizada por el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST).
El calor, sin embargo, no es el único problema. La radiación ultravioleta, la contaminación atmosférica y los fenómenos meteorológicos extremos también están ganando peso como riesgos laborales. Y las consecuencias pueden ir mucho más allá de un golpe de calor: fatiga, problemas de concentración, accidentes, efectos sobre la salud mental, lesiones oculares o enfermedades de la piel son algunos de los efectos que deben tenerse en cuenta.
El tiempo que hace también es una cuestión de seguridad laboral
Hasta hace poco, el calor extremo podía parecer un problema puntual que había que afrontar sobre todo durante los meses de verano. Pero la realidad está cambiando. Para determinadas actividades, saber qué temperatura hará y qué nivel de radiación solar habrá puede ser tan importante como conocer cualquier otro riesgo del puesto de trabajo.
Por eso, la normativa española ya ha empezado a adaptarse a esta nueva realidad. El Real Decreto 486/1997 establece que, ante los riesgos relacionados con fenómenos meteorológicos adversos, las empresas deben adoptar medidas adecuadas para proteger a las personas trabajadoras. Y cuando la AEMET emite avisos de nivel naranja o rojo y las medidas previstas no son suficientes, es necesario adaptar las condiciones de trabajo, incluidos los horarios o la duración de las tareas.
En paralelo, el Real Decreto-ley 8/2024 reforzó la protección ante situaciones de emergencia climática e introdujo, entre otras medidas, un permiso retribuido para determinadas situaciones en las que no sea posible acudir al trabajo por las consecuencias de un fenómeno meteorológico adverso.
El cambio también llegará a la Ley de Prevención de Riesgos Laborales. El anteproyecto de reforma aprobado en 2026 incorpora de forma más explícita los riesgos relacionados con el cambio climático y prevé nuevos desarrollos reglamentarios en este ámbito.
España será cada vez más cálida
Los datos climáticos ayudan a entender por qué esta adaptación es necesaria. La temperatura media del planeta ha aumentado de forma clara desde la segunda mitad del siglo XX, y España no es una excepción.
Pero el problema no es solo que haga más calor. También pueden aumentar la frecuencia y la intensidad de los episodios de calor extremo. Y esto tiene consecuencias directas para muchas actividades profesionales: construcción, agricultura, jardinería, mantenimiento, limpieza, transporte, reparto o cualquier trabajo que obligue a pasar muchas horas a la intemperie.
En las ciudades, además, existe un factor añadido: el llamado efecto de isla de calor urbana. El asfalto y los edificios acumulan calor durante el día y lo liberan poco a poco durante la noche. El resultado es que las ciudades pueden mantener temperaturas más elevadas que sus alrededores, dificultando incluso la recuperación del organismo después de una jornada calurosa.
El sol también es un riesgo laboral
Cuando se habla de trabajar al aire libre, a menudo pensamos primero en el calor. Pero existe otro riesgo que puede pasar más desapercibido: la radiación ultravioleta del sol.
Una exposición excesiva y acumulada a la radiación UV puede provocar problemas de salud que van mucho más allá de las quemaduras solares. Puede afectar a la piel y a los ojos y aumentar, con el tiempo, el riesgo de determinados tipos de cáncer de piel. Entre los problemas oculares asociados a la exposición también se encuentran la queratitis o el pterigión.
Por eso, la protección solar no debería limitarse a ponerse crema cuando vamos a la playa. Para muchas personas, protegerse del sol es una medida de prevención laboral.
La mejor protección es reducir la exposición siempre que sea posible: buscar zonas de sombra, adaptar los horarios, evitar las horas de máxima radiación y utilizar ropa adecuada, protección para la cabeza y gafas con filtro UV. Los protectores solares también pueden formar parte de la estrategia preventiva cuando las demás medidas no son suficientes.
Durante la jornada del INSST se mostró, precisamente, cómo se puede comprobar la capacidad protectora de la ropa mediante el factor de protección ultravioleta (UPF). No todos los tejidos protegen de la misma manera frente a la radiación solar.
No todo el calor es igual
Cuando decimos que hace 35 °C, sabemos que hace mucho calor. Pero esta cifra, por sí sola, no explica todo lo que está ocurriendo en el cuerpo de una persona que trabaja al aire libre.
La humedad, el sol, el viento, la intensidad del esfuerzo físico y la ropa que se lleva también influyen en la capacidad del organismo para eliminar el calor. Por eso, en prevención de riesgos se habla de estrés térmico.
Para medirlo existen diferentes herramientas, entre ellas el índice WBGT, que combina distintas variables ambientales para estimar el nivel de sobrecarga térmica. El objetivo no es simplemente saber si hace calor, sino determinar hasta qué punto ese calor puede suponer un problema para una persona que está trabajando.
La previsión meteorológica puede ayudar a prevenir accidentes
Uno de los proyectos presentados durante la jornada busca precisamente dar un paso más: anticipar el riesgo antes de que llegue el episodio de calor.
El INSST y la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) trabajan conjuntamente en un sistema que permita predecir el índice WBGT a partir de modelos meteorológicos. La idea es sencilla, pero puede tener una gran utilidad: si sabemos con antelación que las condiciones serán especialmente desfavorables, se pueden tomar decisiones antes de comenzar la jornada.
Cambiar el horario, adelantar las tareas más exigentes, aumentar las pausas, habilitar zonas de sombra o reforzar la hidratación son ejemplos de medidas que pueden marcar la diferencia.
El proyecto incorpora también datos procedentes de diferentes territorios. En Canarias, por ejemplo, se han realizado campañas específicas de medición del índice WBGT en las estaciones de Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria.
El calor no solo provoca golpes de calor
Hay una idea que los expertos quisieron dejar clara: el golpe de calor es solo una de las posibles consecuencias de trabajar con temperaturas elevadas.
El calor puede provocar cansancio y agotamiento, pero también puede afectar a la capacidad de concentración, la coordinación, la memoria o la percepción. Y esto, en determinados trabajos, puede incrementar el riesgo de accidente.
También existen otros efectos sobre la salud que pueden pasar más desapercibidos, incluidas alteraciones renales y otros problemas asociados a la exposición prolongada a temperaturas elevadas.
Por eso, prevenir el calor no consiste únicamente en evitar que una persona sufra un golpe de calor. Se trata de evitar que el calor termine afectando a la salud o a la seguridad de cualquier otra manera.
Anticiparse será cada vez más importante
El mensaje que se desprende de la jornada del INSST es claro: el cambio climático está obligando a replantear la prevención de riesgos laborales.
El calor extremo y la radiación UV ya no pueden considerarse riesgos excepcionales. En muchas actividades forman parte de las condiciones habituales de trabajo y, por tanto, deben ser identificados, evaluados y gestionados como cualquier otro riesgo laboral.
Esto significa consultar la previsión meteorológica, organizar mejor las jornadas, adaptar las tareas, facilitar descansos e hidratación, utilizar la ropa y los equipos de protección adecuados y, sobre todo, actuar antes de que aparezca el problema.
En definitiva, la prevención frente al cambio climático no consiste solo en reaccionar cuando llega una ola de calor. Consiste en anticiparse. Porque, en un clima cada vez más cálido, saber cuándo, cómo y en qué condiciones trabajamos también es una cuestión de salud y seguridad.
Este enfoque se enmarca en la Estrategia Española de Seguridad y Salud en el Trabajo 2023-2027, que incluye entre sus líneas de actuación la mejora de la gestión de los riesgos asociados a las condiciones climáticas extremas.