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Las nuevas clases de fuego según ISO 3941:2026

Las nuevas clases de fuego según ISO 3941:2026

Un nuevo reto para la Prevención de Riesgos Laborales

La clasificación de los fuegos es una de las bases sobre las que se construyen los protocolos de seguridad contra incendios dentro de cualquier organización. Saber qué tipo de fuego se está produciendo es esencial para actuar correctamente, seleccionar el agente extintor adecuado y minimizar los daños personales y materiales. Con la entrada en vigor de la nueva norma ISO 3941:2026, esta clasificación evoluciona para adaptarse a los nuevos riesgos presentes en los entornos laborales actuales, especialmente aquellos relacionados con las baterías de ion-litio.

Durante años, las clases de fuego tradicionales han permitido diferenciar los incendios según el combustible que los origina. Esta clasificación seguía siendo útil en la mayoría de sectores, pero el crecimiento exponencial de los vehículos eléctricos, los sistemas de almacenamiento energético y los dispositivos alimentados con baterías de litio ha puesto sobre la mesa un problema que las normas anteriores no contemplaban de forma específica. Los incendios provocados por estas baterías tienen un comportamiento muy diferente al de los fuegos convencionales y requieren estrategias de actuación propias.

La principal novedad de la ISO 3941:2026 es precisamente la incorporación de la nueva Clase L, destinada a los fuegos relacionados con baterías de ion-litio. Esta incorporación no es simplemente un cambio terminológico, sino el reconocimiento oficial de un riesgo emergente que cada vez está más presente en empresas, almacenes, aparcamientos, centros logísticos e incluso oficinas.

¿Cuáles son las clases de fuego según la ISO 3941:2026?

La nueva normativa establece las siguientes categorías:

  • Clase A: fuegos de materiales sólidos combustibles como madera, papel, cartón o tejidos.
  • Clase B: fuegos de líquidos inflamables como gasolina, disolventes, pinturas o alcoholes.
  • Clase C: fuegos de gases inflamables como butano, propano, metano o hidrógeno.
  • Clase D: fuegos provocados por metales combustibles como magnesio, sodio o titanio.
  • Clase F: fuegos derivados de aceites y grasas de cocina, habituales en restauración y cocinas industriales.
  • Clase L: nueva categoría destinada a los incendios de baterías de ion-litio y sistemas electroquímicos.

Aunque muchas de estas categorías ya existían en versiones anteriores de la norma, la incorporación de la Clase L es el cambio que concentra mayor atención dentro del sector de la Prevención de Riesgos Laborales (PRL).

Los fuegos de baterías de litio presentan características muy particulares. A diferencia de un incendio convencional, pueden generar reacciones de embalamiento térmico (thermal runaway), es decir, una reacción en cadena que incrementa rápidamente la temperatura de la batería hasta provocar explosiones, emisiones de gases tóxicos y reigniciones espontáneas. Esto significa que un incendio aparentemente extinguido puede volver a activarse minutos o incluso horas después.

Este fenómeno obliga a las empresas a replantear muchos de sus protocolos de seguridad. Ya no basta con disponer de extintores convencionales o seguir los procedimientos habituales de evacuación. Las instalaciones que trabajan con baterías de litio necesitan medidas específicas de control, ventilación, aislamiento y vigilancia posterior al incidente.

La realidad es que este riesgo ya forma parte del día a día de muchas organizaciones. Actualmente es habitual encontrar baterías de ion-litio en:

  • Vehículos eléctricos
  • Patinetes y bicicletas eléctricas
  • Carretillas elevadoras
  • Herramientas inalámbricas
  • Sistemas UPS y SAI
  • Instalaciones fotovoltaicas
  • Dispositivos electrónicos portátiles

Esta transformación tecnológica obliga a los profesionales de PRL a actualizar conocimientos y adaptar sus evaluaciones de riesgos a un entorno mucho más electrificado.

La formación de los trabajadores también se convierte en un elemento clave. Reconocer los primeros signos de una batería sobrecalentada, identificar posibles deformaciones o emisiones de humo y saber cómo actuar ante un incendio de Clase L puede ser determinante para evitar consecuencias graves. En este sentido, la nueva norma no solo redefine las clases de fuego, sino que también impulsa una nueva cultura preventiva orientada a los riesgos del futuro.

La ISO 3941:2026 representa, en definitiva, una actualización necesaria frente a la evolución tecnológica actual. La aparición de nuevos riesgos obliga a las empresas a revisar protocolos, reforzar la formación y adaptar los equipos de extinción a realidades que hasta hace pocos años tenían una presencia muy limitada.